Si se debe mencionar una película que sirva como ejemplo de la buena fotografía, “El Conformista” es la mejor opción. Este film político del gran director italiano Bernardo Bertolucci y ganador de numerosos premios, es reconocido por el excelente y variado uso de los planos, luces y sombras, de todos los estilos cinematográficos.
Marcello Clerici, el protagonista, es un profesor de filosofía y miembro de la policía secreta. Atormentado por un dramático episodio que le tocó vivir en su niñez, cuando asesinó a un homosexual que intentó abusar de él, intenta ser “como la gente normal” acoplándose a la ideología de masas, convirtiéndose en un verdadero conformista. Tras casarse con Giulia, viajan a París, donde combinará su luna de miel con un planeado atentado a un exiliado político italiano y su antiguo profesor. El Flash Back es el elemento que se utiliza para narrar, en su totalidad, esta historia.
“El Conformista”, con su estilo europeo tan distinguido, está cargado de connotaciones políticas y contrastes de todo tipo, como el fascismo italiano y el marxismo francés, estilos de vida, liberales y conservadores y la sexualidad. Las excelentes tomas y planos, los movimientos tan fluidos de la cámara y los ángulos casi imposibles a cargo de un genio de la fotografía como Vittorio Storaro, desarrollaron estos elementos de la historia de una manera clara y precisa.
Esto mismo ocurre con las luces y sombras, combinadas con los espacios, amplios como la escena en el edificio gubernamental, y pequeños y amontonados como la casa del profesor francés.
Una película mayormente reconocida y recomendada por lo visual que por la trama, pero un clásico de todos los tiempos.

