viernes, 29 de marzo de 2013

¿Quién soy?


A mis padres les gustan los nombres compuestos. Y con la menor de tres hermanos no iban a hacer la excepción. Por eso decidieron llamarme María Florencia. Nací en un hospital del barrio porteño de Caballito, pero crecí en Caseros, entre casas bajas, cerca de la cancha de Estudiantes. A pesar de la pasión que me rodeaba por el pincha, me hice hincha de River Plate, el club de mis amores. Me gusta el invierno. No soporto el calor. Y con tan mala suerte nací el 31 de enero. Una fecha complicada para festejar cumpleaños. O todos están de vacaciones, o yo habré viajado para algún lado. 
Me crié en el seno de una familia humilde. Mi madre, uruguaya de nacimiento y argentina de corazón, trabajaba largas horas en un colegio público en Chacabuco. Mi padre vino de chico desde Paraguay con su familia a buscar suerte, y se dedicó a la mecánica hasta el día de hoy. Pero sus horas de trabajo también eran extensas, por lo que me cuidaba mi abuela. Y así fue por muchos años. Ella fue, sin lugar a dudas, la mujer más extraordinaria que pude haber conocido. Fue quien me enseñó a leer y a escribir. De hecho, a los cuatro años le dediqué mi primer poesía. Mi hermana se casó muy joven y mi hermano, a quien amo y admiro profundamente, luchó contra una de las peores creaciones de los hombres.
De chica tenía mucha imaginación. Teniendo tanta diferencia de edad con mis hermanos y primos, tenía que divertirme por mis propios medios. Como cualquier niño, soñé con llegar a ser presidente y astronauta. Terminando la primaria fue cuando descubrí mi verdadera vocación. En una clase, jugamos a ser periodistas. Y desde entonces nunca quise ser otra cosa más que eso. Todos mis estudios los hice en la Capital de Buenos Aires. Fui a una secundaria donde tenía la posibilidad de hacer el bachiller con orientación en comunicación social, y fue el lugar donde pude conocer y aprender lo más hermoso de esta profesión. Allí también, conocí a mi primer novio. Fue un amor tan sano, pero tan desencontrado. No teníamos los mismos objetivos y metas, y tal vez por eso la relación fracasó. Pero me hizo madurar.
Decidí buscar un trabajo con el que al menos pudiera solventar los gastos de mis estudios y me anoté en TEA, la escuela agencia de periodismo, para finalmente dedicarme a lo que me gusta. Allí conocí a un gran amigo. Él me ayudó en muchos momentos complicados de mi vida, y me presentó al hombre increíble que hoy tengo a mi lado. Una persona con la que comparto sueños y la que deseo tener en mi historia de vida hasta el fin de mis días, o hasta que las cosas lindas de esta mundo dejen de existir.

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