sábado, 30 de marzo de 2013

La hora del cianuro con masitas


Zulema de Venturini fue hallada muerta en la escalera de su departamento en marzo de 1979. Los médicos determinaron que la causa fue un paro cardíaco. Pero sus hijas, tras sospechar sobre el fallecimiento, descubrieron que casualmente, en la casa de su madre, faltaba un pagaré por dos mil pesos que llevaba el nombre de un familiar. De esta manera, y a pesar de tratarse de su última víctima, Yiya Murano, la envenenadora de Monserrat, iniciaría su legendaria historia criminal.  
Yiya Murano, la envenenadora de Monserrat

La muerte dudosa de Venturi, el vale de un préstamo extraviado y las posteriores declaraciones del encargado del edificio, la comprometerían cada vez más. El portero recordó que se mismo día, Murano visitó a su prima con un paquete de masitas. Minutos más tarde, salía apurada con un frasquito y un papel en su mano. Los investigadores pidieron una nueva autopsia y dieron con cianuro en las vísceras, un famoso y mortífero veneno.
Se investigaron y se enlazaron dos muertes anteriores de personas cercanas a la sospechosa, la de su vecina Nilda Gamba, quién había muerto el 10 de febrero del mismo año y la de Lelia Formisano de Ayala, otra de sus amigas, quien había sufrido un infarto pocos días después. No resultaba casual que Yiya Murano les debía una suma importante de dinero a ambas, ni que los cuerpos presentaran signos de envenenamiento por más cianuro suministrado en masas caseras.
A raíz de estos hallazgos, fue detenida en abril de ese año, hasta junio de 1982, cuando el Juez de Sentencia, Angel Mercardo la absolvió de todos los cargos, dejándola en libertad. Sin embargo, dos años más tarde volvería a la cárcel con prisión perpetua, y en 1995 quedaría una vez más libre. Para entonces su marido había muerto y su hijo, Martín, había escrito un libro difamándola. Pero Yiya siempre negó las acusaciones asegurado que "jamás invitó a nadie a comer" a no ser para la hora del té. 

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